sábado, 22 de febrero de 2014

SAMAEL AUN WEOR



SAMAEL AUN WEOR

Es el Quinto Ángel del Apocalipsis, el Budha Maitreya y Kalki Avatara de la Era de Acua­rio y Presidente Fundador del Movi­miento Gnóstico Cristiano Universal como Escuela Iniciática Práctica de los Misterios Gnósticos. Autor de más de cien obras escritas que contienen la enseñanza Gnóstica y de numerosas cá­tedras herméticas y públicas. Su Doctri­na, es LA DOCTRINA DE LA VÍA DI­RECTA, la de la ENCARNACIÓN DEL CRISTO INTIMO AQUÍ Y AHORA. Él es el fiel depositario de los sublimes arcanos de la Alquimia, los que, por or­den del Padre de todas las Luces, ha de­velado y entregado a toda la humanidad, SAMAEL AUN WEOR es el CRISTO ROJO DE ACUARIO, y el SUPER­HOMBRE DEL SIGLO XX.

Llegando a la imponente metrópoli de México D.F., y procedentes de aque­llas otras bellísimas tierras del Canadá, hubimos de ponemos en contacto con el Venerable Maestro Samael. La cita se fijó para el próximo día a las ocho de la noche. Fue el cuatro de febrero de 1976. Al llegar a su residencia, lo halla­mos vestido sencillo pero muy decoro­samente. Con su amable sonrisa, nos in­vitó a pasar. Resonaban festivamente en el amplificador, los valses de Straus.

Acompañados de otra dama, mi es­posa, mi pequeño hijo y mi persona, pasamos el umbral de tan espléndida mo­rada. Entre muchas otras cosas maravi­llosas, nos dijo:

—Me alegra mucho que hayan venido-.

Hace un año — continuó — que físicamente debí haber muerto.

Por aquella época tenía el Maestro 59 años y parecía tener unos 45.

Más, como quiera que aún no he terminado la Gran Obra, hubiera por tal motivo quedado estancado. Afortunada­mente recordé, que por allá en Egipto, en la época de los faraones, hace unos cuatro mil años, dejé una momia. El cuerpo de aquella momia quedó intacto sin que se le extrajeran sus vísceras, gracias a ciertos procedimientos mági­cos que conocían a fondo los antiguos Iniciados Egipcios. Fue entonces como apelé a un proceso de Alta Magia, que se conoce con el nombre de intercambio atómico Bio-Electro-Magnético.

Como quiera que no entendíamos bien de qué se trataba, el Maestro aclaro:

—Es un intercambio atómico. Mien­tras de aquí de mi cabeza, partía un áto­mo hacia la momia de Egipto, a su vez, de la cabeza de la momia salía otro átomo hacia mi cabeza aquí en México. Y así, este proceso se sucedía ininterrumpidamente, matemáticamente. Ahora ya toda mi cabeza está totalmente confor­mada por los átomos de la cabeza de la momia. Esta cabeza que ustedes ven aquí es la de la momia. Así, pues, que ustedes están conversando con un cadáver, pues, hace un año, morí en vida. Puede decir­se que tengo un año de vida.

De casetes grabados de su viva voz extraemos lo siguiente:

“Les soy sincero a ustedes, yo soy un hombre que está viviendo más allá de lo normal. Ustedes, dirán que ¡cómo es posible! Si se los puntualizo, el cerebro que estoy utilizando para pensar estuvo cuatro mil años en un sarcófago en Egip­to. Yo dejé el cuerpo vivo cuando me to­có vivir en la dinastía de los faraones. Nací en Egipto pero no morí en Egipto. Mi cuerpo pasó a un sarcófago; ese cuer­po allí vivo lo puse en estado de cata­lepsia. Digo catalepsia para que ustedes me entiendan, pero es una ciencia más antigua que la catalepsia.”

— ¿Usted era Iniciado en ese mo­mento?

“He sido Iniciado desde hace va­rios Mahamvantaras.”

¿Usted contribuyó a la creación de la Tierra junto con los Cosmocratores?

“Estuve con los Cosmocratores desde la aurora, desde el momento en que la Tierra surgió del Caos.” (El Vene­rable Maestro Samael Aun Weor, es la Mónada Planetaria de Marte encarnada en humano cuerpo, es el Quinto de los Siete Cosmocratores.)

“Bueno, les estoy contando lo de Egipto. Mi cuerpo quedó allí en catalepsia, está en la cripta subterránea, hace como cuatro mil y tantos años, desde la época de Kefren, pero por esta época, en pleno siglo XX, me estoy revistiendo con este cuerpo mediante el intercambio atómico. Los átomos de este cuerpo están pasando al cuerpo egipcio y los átomos del cuerpo egipcio están pasando a éste... Por lo menos pue­den estar seguros que esta cabeza que us­tedes ven ya es la egipcia.”

“El otro día estaba en una confe­rencia y hubo gente que me distinguieron como egipcio, ya la cabeza es la misma que estuvo entre el sarcófago, el resto del cuerpo, pues está cambiando, las viseras todo En este momento soy la muerte ¿Por qué?, Porque el cuerpo que tenía Víctor Manuel Gómez, ese cuerpo ya está en proceso de desintegra­ción, sus átomos están pasando a un sepulcro, y los átomos de aquél están pa­sando acá”.

¿Y, esos los podría volver a re­vivir?

“Pues, ese cuerpo de Víctor Ma­nuel Gómez (su parte atómica) no queda muerto, queda vivo, pero con las funcio­nes orgánicas en suspenso. De manera que si ustedes observan cuidadosamente cierta apariencia aquí, pues hace que la gente no se me acerque, pero realmente soy la muerte. Los antiguos egipcios cultivamos una ciencia que los modernos ni remotamente sospechan. Esta ciencia nos ha permitido a nosotros conservar nuestro cuerpo físico, poder existir y salir con nuestro cuerpo desde el sepulcro para afuera, para vivir entre los mortales en pleno Siglo XX. No quiero decir que todos los compañeros de esa época hicieron lo mismo, pero sí existi­mos un grupo de Hombres que dejamos nuestros cuerpos vivos entre el sepulcro muy bien sellado.”

En una de sus últimas obras (“Mis­terios Mayas”), dice el V. M. Samael lo siguiente:

“Hay dos clases de momias: las mo­mias vivas y las momias muertas. Las momias muertas se conocen porque las vísceras han sido colocadas en vasos de alabastro. Las momias vivas, aún aho­ra en pleno siglo XX, siguen vivas.

“No está de más decirles que yo mismo, cuando viví en Egipto, en una época pasada, durante la dinastía de Kefren, pasé por esos procesos.”

“Mi cuerpo físico fue dejado a vo­luntad en estado de catalepsia. Ese cuerpo pasó a un sarcófago y fue colo­cado dentro de una cripta, pero vivo, y todavía conservo ese cuerpo egipcio vivo. Con ese cuerpo egipcio seguiré cumpliendo la misión que se me ha confiado. De lo contrario, ¿cómo? Actualmente soy un hombre como de sesen­ta años. Para poder hacer la labor en to­da Europa, en toda Asia, ¿cómo la ha­ría? Suponiendo veinte años en Europa y treinta años en Asia, llegaría como un viejecito..., para hacer una revolu­ción espiritual, ¿con qué tiempo? Ya no habría tiempo. La única forma es to­mar ese vehículo físico momificado para continuar trabajando en la Gran obra.”

Maestro, ¿usted tiene que perder ese cuerpo físico actual?

“Ya parte está perdido. Claro está que existe un tipo de reencarnación que es desconocida para muchos seudo-esoteristas y seudo-ocultistas; en esoterismo se llama Re-Encarnación YAO, es decir, en vida.”

“El intercambio atómico permite la reencarnación del iniciado egipcio en una momia que haya tenido. Esto es desconocido para los sabios de esta época. Es claro que el intercambio atómico con una momia, da por resultado que viene uno a quedar con su vehículo vi­vificado, máxime si la momia está vi­va.”

“Si yo cambio mis átomos actuales, con los átomos de ese cuerpo momificado, quedo con ese cuerpo momifi­cado en vivo y en pleno Siglo XX. Claro que hablamos de la Re-encarnificación; en YAO; así se llama en Ciencia Sagrada.”

“Con este intercambio atómico, no hay necesidad de pasar por esos estados en que se tiene que dejar el cuerpo fí­sico y esperar varios años para volver a re-encarnificar; eso es un trabajo difi­cilísimo”

“La Re-Encarnación en YAO es al­tamente científica, y pertenece a la parte más elevada de la Física Atómica.”

“Tal reencarnación en YAO no sería posible si no se conocieran los HACHIN. ¿Y qué son los HACHIN? Pues son las Almas Ígneas o partículas ígneas que existen en cada átomo. Esas Almas Ígneas o CONCIENCIAS ATÓMICAS, son obedientes.”

“Es la Cuarta Vertical (la cuarta dimensión) la que sirve para que los principios ígneos o HACHIN puedan transportar instantáneamente a los átomos de un lugar a otro por remoto que sea.”

“La Alta Física Nuclear es descono­cida para los sabios actuales. Cuando los antiguos sabios egipcios momificaban sus cuerpos con el objeto de alcanzar la inmortalidad más tarde, hacían alusión a esto que hoy aclaro.”

“Muchas gentes de estos tiempos que ahora andan por aquí, por allá y acullá, tuvieron vehículos físicos en la antigua tierra de los faraones, y si ellos marcharan por el camino de las Santas Revalorizaciones del SER, podrían llegar a adquirir la inmortalidad aquí y ahora mismo, mediante el intercambio atómi­co de la alta física nuclear, desconocida para los sabios y físicos atómicos de este Siglo XX.”

Gracias a este procedimiento Mági­co de ALTA FÍSICA NUCLEAR, el V. M. SAMAEL AUN WEOR, pudo continuar su trabajo Alquímico hasta perfeccionar la PIEDRA FILOSOFAL. Fue así como en el año de 1977 nos dijo:

“En estos precisos instantes, mi Se­ñor Interior Profundo, está en su Santo Sepulcro. En el año de 1978, mi Señor Interior Profundo, resucitará en mí y yo en ÉL para poder hacer la gigantes­ca OBRA que hay que hacer por la humanidad. Y será ÉL, el que la haga, y no mi insignificante persona que no es sino un instrumento. Pero, ÉL en sí, es perfec­to y ÉL la hace porque ÉL es perfecto. De manera que doy testimonio de lo que me consta, de lo que he vivido.”

Posteriormente, el Venerable Maestro SAMAEL AUN WEOR, culminó la GRAN OBRA ALQUIMICA, y fue así como hubo de pasar por el proceso de Muerte y Resurrección, matando así a la muerte con la misma muerte por toda una eternidad. Su proceso de desencarnación sucedió el 24 de Diciembre de 1977, cerca a las 12 de la noche. La placa de su carroza mortuoria, sin haberse elegido programadamente, tenía las Iniciales AUM.

Casi dos años después, en la “Asam­blea Extraordinaria Nacional”, realizada entre el 29 de Junio y el 1 de Julio de 1979, en el Palacio de Convenciones y Exposiciones de la ciudad de Medellín, Antioquia, Colombia, organizada por el Movimiento Gnóstico Cristiano Universal de Colombia, sucedió algo maravilloso.

Esta Asamblea estuvo presidida por el Venerable Maestro Rabolú, quien es uno de los 42 Jueces del Karma de la Justicia Objetiva Divina, y en quien depositara el V. M. Samael Aun Weor, el cuidado y guía del Movimiento Gnóstico Cristiano Universal. Dicho sea de paso, el V. M. Rabolú, está por esta época culminando también los procesos de su GRAN OBRA ALQUIMICA.

Algo insólito sucede en aquella Asamblea memorable. Resumámoslo con las siguientes palabras:

A la entrada del local de la Asam­blea, — a la que asistieron más de tres mil miembros activos del Movimiento Gnóstico Cristiano Universal de Colom­bia —estaba el V. M. SAMAEL AUN WEOR con su cuerpo inmortal, con aquel cuerpo de la momia que tuviera en Egipto hace unos cuatro mil años. Allí estaba el Maestro Samael con su cuer­po resurrecto el cual tiene una aparien­cia de unos 40 a 45 años.

Es lógico que nadie lo identificó, a excepción del V. M. Rabolú, que ya le conoce muy bien, puesto que el cuer­po de la momia, es diferente al que el Maestro Samael tenía en México.

Allí, en aquella Asamblea, — sin que de ello se percatara la hermandad gnóstica — el V. M. Samael le entregó al V. M. Rabolú una PESADA CRUZ DE ORO, con lo cual quedó establecido que el V. M. Rabolú también estaba ya en el mismo camino del V. M. Samael Aun Weor.

En cierta ocasión, un grupo de in­quietos aspirantes a la Gnosis, le preguntaron al V. M. Rabolú dónde se en­contraba realmente el V. M. Samael. Y el V. M. Rabolú respondió de la siguiente manera:

“Él ocupó directamente la momia que tenía guardada. O sea, por ejemplo, en estos momentos él está con su momia, trabajando, moviéndose. O sea que él no está desencarnado como creen mu­chas personas, él tiene su otro cuerpo. YO ME ENTREVISTE CON ÉL, ya tiene su momia, está trabajando con su momia, actuando como cualquier perso­na normal. Está en el Viejo Mundo, o sea, por allá en el Tibet y usa su turban­te estilo tibetano. De modo que para mí, él no dejó de trabajar. Él cogió su otro cuerpo, se lo puso, y, ¡adelante! Es un tipo de combate, es un Maestro de batalla que no se está quieto un momento.”

Nota: Los HACHIN (ASHIM) son las Almas del Fuego o Coro Angélico de Malchut, según la Kábala Hebraica.


LA CONCIENCIA ATÓMICA

La Ciencia Materialista — La Ciencia Alquímica

En cierta ocasión, en una conferen­cia afirmé que, gran parte de los postulados de la llamada ciencia materialista, serían las mentiras del mañana, y no faltó quien, armas en ristre, saliera a de­fender su posición contraria a mi afir­mación. Más, no soy el único, ni el pri­mero, ni el último en afirmarlo:

“Oímos decir que la idea de la Piedra Filosofal fue un error, pero todas nuestras opiniones han partido de erro­res, y lo que hoy consideramos como la verdad en química, quizá será maña­na reconocido como una falacia.”
J.VON LIEBIG,
FAMILIAR LETTERS IN CHEMISTRY

La “Botánica”, por ejemplo, con­siderada la rama de la ciencia que estu­dia a los vegetales, es otro término mal empleado. Entre los griegos antiguos, los “Botane” eran, literalmente “los habitantes de la hierba”, o sea, las inteligencias elementales o almas de las plantas. De esta manera, la “Botánica” de­bería ser, en rigurosa ciencia, el estudio de los habitantes de la hierba y no úni­camente el estudio de estas últimas.

Si, en rigurosa acepción académica, la ciencia materialista es: “Conocimiento EXACTO y razonado de ciertas cosas”, no podría, pues, errar, siendo un “conocimiento exacto”. Y, si, errar, es, casti­zamente, sinónimo de mentir, y, por otra parte, la ciencia materialista que significa “conocimiento exacto”, ha errado en innumerables ocasiones, es mentiro­sa, falsa y demasiado orgullosa, pues no acepta sus propios errores, los justifica de mil maneras.

¡Ciencia sin Conciencia! ¡Qué ocu­rrencia!

Lo mismo valga para el científico Inconsciente.

Desde el momento en que la llamada ciencia se divorció de los principios místicos y filosóficos, le quitó el alma a la investigación.

Las matemáticas, llamada “ciencia exacta”, ¿no tuvo en uno de sus padres al Divino Pitágoras, tan enunciado en nuestras aulas docentes? Y, se nos dice en estas que fue el descubridor de la tabla de multiplicar, del sistema decimal y del teorema que lleva su nombre, Y, ¿qué estudioso negaría que fue un gran filósofo y místico en todo el sentido de la palabra?

¿Qué diríamos de Paracelso, uno de los fundadores de la medicina experimental, descubridor de la existencia del cinc como metal independiente y definió la toxicidad del arsénico, seña­lando, además la eficacia terapéutica antiluética del precipitado rojo de mercurio? Y Paracelso fue uno de los promo­tores de la Alquimia Mística, la que pro­pone una verdadera transformación de la persona, en la persona.

Alberto Magno (Alquimista) fue el primero en preparar la potasa cáustica y en desentrañar la composición del cinabrio (sulfuro de mercurio) Basilio Valentín (Alquimista) descubrió, además del antimonio, los ácidos clorhídrico y sulfúrico.

Actualmente es ya bastante famoso el gran físico nuclear y Alquimista co­nocido con el nombre de Fulcanelli, cuyas dos obras (El Misterio de las Catedrales y Las Moradas Filosófales) aparecieron respectivamente en 1926 y 1930

Trascribiré a continuación lo que Louis Pawels describe en su obra “El Retorno de los Brujos”, sobre una entrevista que su amigo Jacques Bergier tuvo en 1937 con el Adepto Fulcanelli:

A petición de André Helbronner (notable físico nuclear francés), mi ami­go (Jacques Bergier, asistente de Helbronner) se entrevistó con el misterioso personaje en el prosaico escenario de un laboratorio de ensayos de la Sociedad del Gas, de París. He aquí, exactamente, su conversación:

“Monsieur André Helbronner, del que tengo entendido que es usted ayudan­te, anda buscando la energía nuclear. Monsieur Helbronner ha tenido la amabi­lidad de ponerme al corriente de algunos de los resultados obtenidos, especial­mente de la aparición de la radioactividad correspondiente al Polonio, cuando un hilo de Bismuto es volatilizado por una descarga eléctrica en el seno del deu­terio a alta presión. Están ustedes muy cerca del éxito, al igual que algunos otros sabios contemporáneos. ¿Me permi­te usted que le ponga en guardia? Los trabajos a que se dedican ustedes y sus semejantes son terriblemente peligrosos. Y no son sólo ustedes los que están en peligro, sino también la Humanidad entera. La liberación de la energía nu­clear es más fácil de lo que piensa. Y la radiactividad superficial producida puede envenenar la atmósfera del Planeta en algunos años. Además, pueden fabricarse explosivos atómicos con algunos gramos de metal y arrasar ciudades ente­ras. Se lo digo claramente: los alquimistas lo saben desde hace mucho tiempo”.

Bergier se dispuso a Interrumpirle, protestando. ¡Los alquimistas y la física moderna! Iba a prorrumpir en sar­casmos, cuando el otro lo atajó:

“Ya sé lo que va a decirme: los alquimistas no conocían la estructura del núcleo, no conocían la electricidad, no tenían ningún medio de detección. No pudieron, pues, realizar ninguna transmutación, no pudieron, pues, libe­rar jamás la energía nuclear. No intenta­ré demostrarle lo que voy a decirle ahora, pero le ruego que lo repita a Mon­sieur Helbronner: bastan ciertas disposi­ciones geométricas de materiales extre­madamente puros para desencadenar las fuerzas atómicas, sin necesidad de utili­zar la electricidad o la técnica del vacío. Y ahora me limitaré a leerle unas breves líneas”.

El hombre tomó de encima de su escritorio la obra de Fréderic Soddy, L’interprétation  du Radium, la abrió y leyó:

“Pienso que existieron en el pasado civilizaciones que conocieron la energía del átomo y que fueron totalmente destruidas por el mal uso de esta energía”.

Después prosiguió:

“Le ruego que admita que algunas técnicas parciales han sobrevivido. Le pi­do también que reflexione sobre el hecho de que los alquimistas mezclaban preocu­paciones morales y religiosas con sus ex­perimentos, mientras que la Física moder­na nació en el siglo XVIII de la diversión de algunos señores y de algunos ricos li­bertinos. CIENCIA SIN CONCIENCIA...”

He creído que hacía bien advirtiendo a algunos investigadores, aquí y allá, pero no tengo la menor esperanza de que mi advertencia fructifique. Por lo demás, no necesito la esperanza.

Bergier se permitió hacer una pre­gunta:

“— Si usted mismo es alquimista, señor, no puedo creer que emplee su tiempo en el intento de fabricar oro, como Dunikovski o el doctor Miethe. Desde hace un año, estoy tratando de documentarme sobre la alquimia y sólo he tropezado con charlatanes o con interpretaciones que me parecen fantásticas”. ¿Podría usted, señor, decirme en qué consisten sus investigaciones?

“— Me pide usted que resuma en cuatro minutos cuatro mil años de fi­losofía y los esfuerzos de toda mi vida. Me pide, además, que le traduzca en len­guaje claro conceptos que no admiten el lenguaje claro. Puedo, no obstante, decirle esto: no ignora usted que, en la Ciencia Oficial hoy en progreso, el papel del observador es cada vez más importan­te. La relatividad, el principio de incer­tidumbre, muestran hasta qué punto interviene hoy el observador en los fenó­menos. El secreto de la alquimia es éste: existe un medio de manipular la materia y la energía de manera que se produzca lo que los científicos contemporáneos llamarían un campo de fuerza. Este campo de fuerza, actúa sobre el obser­vador y le coloca en una situación pri­vilegiada frente al Universo. Desde este punto privilegiado tiene acceso a realidades que el espacio y el tiempo, la materia y la energía, suelen ocultarnos. Es lo que nosotros llamamos la Gran Obra.”

Pero, ¿y la piedra filosofal? ¿Y la fabricación del oro?

“Esto no es más que aplicaciones, casos particulares. LO ESENCIAL NO  ES LA TRASMUTACIÓN DE LOS META­LES, SINO LA DEL PROPIO EXPERI­MENTADOR. ES UN SECRETO ANTI­GUO QUE VARIOS HOMBRES EN­CONTRARAN TODOS LOS SIGLOS”.

¿Y en qué se convierten enton­ces?

“Tal vez algún día lo sabrá”.

“Mi amigo no vería nunca más a aquel hombre, que dejó un rastro imbo­rrable bajo el nombre de Fulcanelli. Todo lo que sabemos de él es que sobre­vivió a la guerra y desapareció comple­tamente después de la Liberación. Todas las gestiones para encontrarlo fracasaron. Estas gestiones fueron bien reales, pues las llevó a cabo la comisión “Alsos”, patrocinada por la CIA americana, que, después de 1945, tenía órdenes muy estrictas de encontrar a todos los que hubiesen tenido relación alguna con la ciencia atómica en Europa. Bergier fue llamado a declarar, pero no pudo proporcionar ninguna pista al coman­dante que lo interrogó. Este le permitió examinar el primer documento conocido sobre la utilización militar del átomo. Jacques Bergier comprobó entonces que se había descrito perfectamente la pila atómica como “una estructuración geo­métrica de sustancias extremadamente puras” y que, por otra parte, ese mecanis­mo no requería la electricidad ni la téc­nica del vacío, tal como lo había predicho Fulcanelli. El informe acababa exponiendo la posibilidad de que se produjera una contaminación atmosférica susceptible a extenderse a todo el Plane­ta. Se comprende que tanto Bergier como los oficiales americanos desearan encontrar a un hombre cuya existencia era una prueba fehaciente de que la ciencia alquímica llevaba muchas déca­das de ventaja a la ciencia oficial. Y si Fulcanelli ocupaba una posición tan ventajosa respecto a los conocimien­tos atómicos, también debería estar bien informado sobre muchos otros asun­tos, y tal vez por eso fueran vanas todas las pesquisas”.

Para reflexión de nuestros lectores, veamos a qué conclusión científica llegó uno de los más grandes sabios de la época, Einstein, según entrevista personal que Giovanni Papini consigna­ra en su obra “GOG”.

Einstein se ha resignado a recibir­me porque le he hecho saber que le te­nía reservada la suma de 100.000 marcos, con destino a la Universidad de Jerusalén (Monte Scopus)

Le encontré tocando el violín. (Tie­ne, en efecto, una verdadera cabeza de músico.) Al verme, dejó el arco y comen­zó a interrogarme.

—¿Es usted matemático?
— No.
—¿Es físico?
— No.
—¿Es astrónomo?
— No.
—¿Es ingeniero?
— No.
—¿Es filósofo?
— No.
—¿Es músico?
— No.
—¿Es periodista?
— No.
—¿Es israelita?
— Tampoco.

— Entonces, ¿por qué desea tanto hablarme? ¿Y por qué ha hecho un dona­tivo tan espléndido a la Universidad hebrea de Palestina?

— Soy un ignorante que desea instruirse y mi donativo no es más que un pretexto para ser admitido y escu­chado.

Einstein me perforó con sus ojos negros de artista y pareció reflexionar.

— Le estoy agradecido por el dona­tivo y por la confianza que tiene en mí. Debe convenir, sin embargo, que decir­le algo de mis estudios es casi imposible si usted, como dice, no conoce ni las matemáticas ni la física. Yo estoy habi­tuado a proceder con fórmulas que son incomprensibles para los no iniciados, y hasta entre los iniciados son poquísimos los que han conseguido comprenderlas de un modo perfecto. Tenga, pues, la bondad de excusarme...

— No puedo creer — contesté — que un hombre de genio no consiga expli­carse con las palabras corrientes. Y mi ignorancia no está, sin embargo, tan absolutamente desprovista de Intuición...

— Su modestia — repuso Einstein — y su buena voluntad merecen que haga violencia a mis costumbres. Si algún punto le parece oscuro, le ruego desde ahora que me excuse. No le hablaré de las dos relatividades formuladas por mí: eso ya es una cosa vieja que puede encontrarse en centenares de libros. Le diré algo sobre la dirección actual de mi pensamiento.
“Por naturaleza soy enemigo de las dualidades. Dos fenómenos o dos concep­tos que parecen opuestos o diversos, me ofenden. Mi mente tiene un obje­tivo máximo: Suprimir las diferencias. Obrando así permanezco fiel al espíritu de la conciencia que, desde el tiempo de los griegos, ha inspirado siempre a la uni­dad. En la vida y en el arte, si se fija usted bien, ocurre lo mismo. El amor tiende a hacer de dos personas un solo ser. La poesía, con el uso perpetuo de la metáfora, que asimila objetos diversos, presupone la identidad de todas las cosas.

“En las ciencias este proceso de uni­ficación ha realizado un paso gigantesco. La astronomía, desde el tiempo de Ga­lileo y de Newton, se ha convertido en una parte de la física. Riemann, el ver­dadero creador de la geometría no Euclidiana, ha reducido la geometría clásica a la física; las investigaciones de Nernst y de Max Boro han hecho de la química un capítulo de la física; y como Loeb ha reducido la biología a hechos quími­cos, es fácil deducir que incluso ésta no es, en el fondo, más que un párrafo de la física. Pero en la física existían, hasta hace poco tiempo, datos que pare­cían irreductibles, manifestaciones distin­tas de una entidad o de grupos de fenómenos. Como, por ejemplo, el tiempo y el espacio; la masa inerte y la masa pesada, esto es, sujeta a la gravitación; y los fenómenos eléctricos y los mag­néticos, a su vez diversos de los de la luz. En estos últimos años estas manifestaciones se han desvanecido y estas distinciones han sido suprimidas. No solamente, como recordará he demostrado que el espacio absoluto y el tiempo universal carecen de sentido, si no que he deducido que el espacio y el tiempo son aspectos indisolubles de una sola realidad. Desde hace mucho tiempo, Faraday había establecido la identidad de los fenómenos eléctricos y de los magnéticos, y más tarde, los experimentos de Maxwell y Lorenz han asimilado la luz del electromagnetismo. Permanecían, pues, opuestos, en la física moderna, sólo dos campos: El campo de la gravitación y el campo electromagnético. Pero he conseguido, finalmente, demostrar que también estos constituyen dos aspectos de una realidad única. Es mi último descubrimiento: La teoría del campo unitario. Ahora, espacio, tiempo, materia, energía, luz, electricidad, inercia, gravitación, no son mas que nombres diversos de una misma homogénea actividad. Todas las ciencias se reducen a la física, y la física se puede ahora reducir a una sola fórmula. Esta fórmula, traducida al lenguaje vulgar, diría poco más o menos así: “Algo se mueve”. Estas tres palabras son la síntesis última del pensamiento humano.

Einstein se debió de dar cuenta de la expresión de mi rostro, de mi estupor.

-¿Le sorprende –añadió- la aparente sencillez de este resultado supremo? ¿Millares de años de investigaciones y de teorías para llegar a una conclusión que parece un lugar común de la experiencia más vulgar?  Reconozco que no está del todo equivocado. Sin embargo, el esfuerzo de síntesis de tantos genios de la ciencia lleva a esto y nada más: “Algo se mueve”. Al principio –dice San Juan- era el verbo. Al principio –contesta Goethe- era la acción. Al principio y al fin –digo yo– es el movimiento. No podemos decir ni saber más. Si el fruto final del saber humano le parece una vulgarísima serba, la culpa no es mía. A fuerza de unificar es necesario obtener algo increíblemente sencillo.

Hasta aquí esta trascripción.

Queda un interrogante: ¿Qué es lo que anima al movimiento? En las sagradas escrituras se nos dice: “…y el espíritu de Dios se MOVÍA sobre la haz de las aguas.”  En alquimia sabemos perfectamente de qué se trata…

Valga la pena decir, que si todas las ciencias se reducen a la física, la física se reduce a la alquimia. No en vano, a la filosofía Hermética (ciencia alquímica) se le ha llamado “La Madre de todas las Ciencias”…                     
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