EL CRISTO CÓSMICO Y LA SEMANA SANTA
— El cristo cósmico y el cristo
histórico — Aelohim y Elohim — el INRI — La observación conciente — La bendita
madre — Los tres y los siete pasos de la masonería — Los tres traidores — El
significado de los doce apóstoles — Los misterios del Lingam Yoni —La piedra
filosofal — Los diez Sephirotes — El yo de la sicología —
Ante todo, es necesario, comprender a fondo lo que es
realmente el “Cristo Cósmico”.
Urge saber en nombre de la verdad, que Cristo, no es
algo meramente histórico; las gentes están acostumbradas a pensar en Cristo,
como un personaje histórico que existiera hace mil novecientos setenta y siete
años. Tal concepto resulta equivocado, porque el Cristo no es del tiempo, el
Cristo es ¡atemporal! El Cristo se desenvuelve de instante en instante, de
momento en momento. Cristo en sí mismo, es el Fuego Sagrado, el Fuego Cósmico
Universal.
Si nosotros rastrillamos un cerillo, brotará el fuego;
los científicos dirán que el fuego es el resultado de la combustión, mas eso
es falso, el fuego que brota dentro del cerillo, está contenido en el cerillo,
solo que con la frotación liberamos su prisión y aparece. Podríamos decir, que
el fuego en sí mismo, no es el resultado de la combustión, más bien, la
combustión es el resultado del fuego.
Conviene entender mis caros hermanos, que a nosotros
lo que más nos interesa, es el fuego del fuego, la llama de la llama, la
signatura astral del fuego. La mano que mueve al cerillo para que aparezca la
llama, tiene fuego, vida, o sino, no podía moverse; después de que el cerillo
se apaga, la llama sigue existiendo en la Cuarta Vertical. Los científicos no
saben qué cosa es el fuego. Lo utilizan, pero lo desconocen.
Tampoco saben lo que es la electricidad, la utilizan,
pero no la conocen. Así mismo queridos hermanos, conviene que ustedes entiendan
lo que es el fuego. Antes de que la Aurora de la Creación vibrara intensamente,
el fuego hizo mí aparición.
Recuerden mis queridos hermanos, que hay dos unos: El
Primer Uno es ¡Aelohim!, El Segundo Uno es ¡Elohim! El Primer Uno es el
¡Inmanifestado!, El ¡Incognoscible!, La divinidad que no se puede pintar, ni
simbolizar, ni burilar. El segundo Uno, brota del ¡Primer Uno! y es el Demiurgo
Arquitecto del Universo, el Fuego.
Quiero que entiendan, que uno es el fuego que arde en
la cocina, o en el altar, y otro es el fuego del espíritu como ¡Aelohim! o como
¡Elohim!. Elohim es pues el Demiurgo, el Ejército de la Voz, la Gran Palabra.
Cada uno de los Constructores del Universo es llama viva, fuego vivo; escrito
está que Dios es un fuego devorador.
El Fuego es el Cristo, el ¡Cristo Cósmico! Elohim, en
sí mismo, ha brotado de Aelohim; Elohim, en sí mismo se desdobla; dura para
iniciar la manifestación cósmica, en el Dos, en su esposa, en la Madre Divina,
y cuando el Uno se desdobla en Dos, surge el Tres, que es el fuego. Las
criaturas del fuego hacen fecundo al Caos, para que surja la vida. Siempre que
el Uno se desdobla en Dos, el Tercero aparece, el fuego. El fuego hace
fecundas las aguas de la existencia; y entonces el Caos, se convierte en el
“Andrógino Divino”.
Así conviene entender, que el Ejército de la Voz, el
Ejército de la Palabra, es fuego, y que ese fuego vivo, ese fuego viviente y
filosofal que hace fecunda a la materia caótica, es el ¡Cristo Cósmico!, el
“Logos”, la Gran Palabra, pero para que el Logos aparezca, para que venga a la
manifestación, el Uno, debe desdoblarse en el Dos, es decir: el Padre se
desdobla en la Madre, y de la unión de los dos opuestos nace el Tercero, el
¡Fuego! Ese Fuego, es el Logos, el Cristo que hace posible la existencia del
Universo en la Aurora de cualesquier creación.
Conviene que entendamos mejor lo que es el Cristo. Que
no nos contentemos con recordar la cuestión meramente histórica. Porque el
Cristo, es una realidad de instante en instante; de momento en momento; de
segundo en segundo; él es el Creador. El fuego tiene el poder de crear los
átomos y de desintegrarlos; el poder para manejar las fuerzas cósmicas
universales, etc. El fuego tiene poder para unir todos los átomos, y crear
universos; como el poder para desintegrar universos. El mundo es una bola de
fuego, que se enciende y apaga según leyes.
Así que el Cristo es el fuego; por eso sobre la cruz
verán ustedes las cuatro letras: “INRI”, que significa: Ignis Natura Renovatur
Integra, que equivale a “El Fuego renueva incesantemente la naturaleza”.
Ahora creo que ustedes van entendiendo por qué a
nosotros nos interesa la Signatura Astral del fuego, la llama de la flama, lo
oculto, el aspecto esotérico del fuego. Y es que en realidad el fuego es
Crístico, tiene poder para transformar todo lo que es, todo lo que ha sido, y
todo lo que será. “INRI” es lo que nos interesa, sin “INRI” no es posible que
nosotros nos cristifiquemos.
Les decía que el Cristo Intimo, el Cristo Cósmico,
tiene que dar tres pasos: De arriba hacia abajo, a través de las Siete Regiones
del Universo. También les he dicho, que el Cristo debe dar tres pasos, de
abajo hacía arriba. — He ahí el misterio de los tres pasos y de los siete pasos
de la Masonería. Es una lástima que los hermanos Masones hayan olvidado esto;
en todo caso el Crestos — el Logos — resplandece en el Cenit de la Media Noche
Espiritual. Como en el Ocaso o en el Oriente, y cada una de estas tres posiciones,
es respetada en las Siete Regiones. El místico que se guía por la estrella de
la Media Noche, por el Sol Espiritual, sabe lo que significan esos tres pasos,
dentro de las Siete Regiones. Pensamos también en el Sol, en el rayo y en el
fuego; he ahí las tres lumbreras, los tres aspectos del Logos, en las Siete
Regiones.
Cuando el Uno, se desdobla en el Dos, surge el
Tercero, y este es fuego, que crea y vuelve nuevamente a crear. Este Tercero
puede crear con el poder de la Palabra, con la Palabra Solar o la Palabra
Mágica, o la Palabra del Sol Central, ¡así crea el Logos!
Es por medio del fuego que nosotros podemos
cristificarnos; inútilmente habrá nacido el Cristo en Belén, sino nace en
nuestro corazón también. Inútilmente habrá sido crucificado y muerto, y resucitado
en la Tierra Santa, sino nace, muere y resucita también en nosotros.
Necesitamos encarnar al Crestos Cósmico, al espíritu
del fuego, hacerlo carne en nosotros; en tanto que no lo hayamos hecho,
estaremos muertos para las cosas del espíritu; porque él es la vida, es el
Logos, es la Gran Palabra... ¡Heru Pakroat! Él es Vishnú. La palabra Vishnú
viene de una raíz que es “Vish”, que significa: penetrar, él penetra en todo lo
que es, ha sido y será. Necesitamos que penetre en nosotros, para que nos
transforme radicalmente. Sólo por medio del fuego lograremos nosotros aniquilar
al Ego. Quien pretenda aniquilar al Ego únicamente con el intelecto, marcha por
el camino del error.
Obviamente, necesitamos auto-conocernos, si es que
queremos cristificarnos, y si queremos auto-conocernos para lograr la
cristificación, necesitamos auto-observarnos, vernos a sí mismos, sólo por ese
camino será posible llegar un día a la desintegración del Ego. El Ego es la
suma total de todos nuestros defectos: Ira, Codicia, Lujuria, Envidia,
Orgullo, Pereza, Gula, etc., etc., etc.
Aunque tuviéramos mil lenguas para hablar y paladar de acero, no alcanzaríamos
a enumerar todos nuestros defectos cabalmente.
Decía que necesitamos auto-observarnos, para auto-conocernos
por que si nos observamos así mismos, descubriremos nuestros defectos
psicológicos, y podremos trabajar sobre ellos. Cuando alguien admite que tiene
una sicología, comienza a observarse, esto le convierte de hecho en una
criatura diferente.
Quiero que entiendan mis queridos hermanos gnósticos,
la necesidad de aprender a observarse a sí mismos, a verse a sí mismos. Pero
hay que saberse observar; porque una es la observación mecánica, y otra es la
observación consciente.
Alguien que conociera por primera vez nuestras
enseñanzas diría: ¿pero qué gano con observarme? ¡Esto es aburrido! He visto
que tengo ira, he visto que tengo celos ¿Y qué? ¡Claro está, que así es la
observación mecánica! ¡Nosotros necesitamos observar lo observado! repito,
¡necesitamos observar lo observado! Y esto ya es observación consciente de
nosotros mismos.
La observación mecánica de sí mismos, no nos
conducirá jamás a nada; es absurda, inconsciente, estéril. Necesitamos la
auto-observación consciente de sí mismo. Sólo así verdaderamente podremos
auto-conocernos, para trabajar sobre nuestros defectos.
Que sentimos ira en un instante dado, vamos a observar
lo observado — la escena de ira —, no importa que lo hagamos más tarde, pero
vamos a hacerlo, y al observar lo observado, lo que vimos en nosotros, sabremos
realmente si fue ira o no fue, porque pudo haberse provocado algún síncope
nervioso que tomamos por ira. Que de pronto fuimos invadidos por los celos,
pues vamos a observar lo observado; ¿Qué fue lo que observamos? ¡Tal vez que
la mujer estaba con otro tipo! ¡Y si es mujer, tal vez vio a su hombre, con
otra mujer! y sintió celos. En todo caso muy serenamente y en profunda
meditación, observaremos lo observado, para saber realmente, si existió o no
existieron los celos. Al observar lo observado, lo haremos por medio de la
meditación, y la auto-reflexión evidente del Ser, así la observación se torna
consciente. Cuando uno se hace consciente de tal o cual defecto de tipo
psicológico, puede trabajarlo con el fuego.
Tendría uno que concentrarse en Stella Maris,
Tonantzín, Rea, Cibeles, Marah, etc. Ella es una parte de nuestro Ser pero
derivado. Es la serpiente ígnea de nuestros mágicos poderes; la Cobra Sagrada —
fuego ardiente —; ella con sus
poderes flamígeros, podrá desintegrar el defecto psicológico, el agregado psíquico
que nosotros hallamos auto-observado conscientemente. Y es obvio que a su vez
la esencia o fuego embotellado en el agregado psíquico que desintegremos,
resplandecerá — será liberado —y a medida que vayamos desintegrando los
agregados, los porcentajes de esencia que es fuego Crístico, se multiplicarán;
y un día, el fuego resplandecerá dentro de nosotros mismos, aquí y ahora.
Necesitamos que el fuego arda en nosotros, sólo INRI,
nombre sagrado puesto sobre la cruz del Mártir del Calvario, puede quebrantar
los agregados psíquicos. Aquellos que pretenden desintegrar todos esos
agregados, sin tener en cuenta el fuego, marchan por el camino equivocado, y no
solamente andan mal, sino que también extravían a los demás. Se dice que el
Crestos, nació en la aldea de Belén, hace mil novecientos setenta y siete años,
lo cual es ¡falso! porque la aldea de Belén no existía en aquella época. Belén
tiene una raíz Caldea: Bel y Bel, es el fuego; la Torre de Fuego de los
caldeos.
En nuestro cuerpo, la torre es la cabeza y el cuello,
porque el resto del cuerpo es el Templo. Quien ha logrado elevar el fuego
sobre sí mismo; quien lo pueda levantar hasta la cabeza, hasta el cerebro,
hasta el tope; de hecho podrá convertirse en el cuerpo del “Crestos” — el fuego
—, el espíritu del fuego.
Y es, el espíritu original, primigenio, quien podrá
cristificarnos totalmente. Es el fuego, “Fohat”, ardiendo dentro de nosotros
mismos, quien nos transformará totalmente; una vez que el fuego arda dentro de
nosotros, seremos cambiados totalmente, seremos convertidos en criaturas
plenamente diferentes, seremos convertidos en seres distintos, y entonces
gozaremos de la iluminación plena y de los poderes cósmicos. Así que entendido
esto mis queridos hermanos debernos trabajar con el fuego.
Al que sabe, la palabra da poder, nadie la pronunció,
nadie la pronunciara... sino, solamente aquel, que lo tiene encarnado.
El Cristo — el espíritu del fuego — no es un personaje meramente
histórico, es el Ejército de la palabra, es una fuerza que está más allá de la
personalidad, del Ego y de la individualidad. Es una fuerza, como la
electricidad, como el magnetismo, un poder, un gran agente cósmico y
universal. Es la fuerza eléctrica que puede originar nuevas manifestaciones.
Ese fuego cósmico,
entra en el hombre que esta debidamente preparado;
en el hombre que tenga la Torre esa de Belén ardiendo.
Cuando el Cristo encarna en un hombre éste se
transforma radicalmente. Es el Niño Dios que debe nacer en cada criatura. Así
como él nació en el Universo hace millones de años, para organizar totalmente
este sistema solar, así también debe nacer en cada uno de nosotros. Él nace en
el establo de Belén, es decir: entre los animales del deseo, entre los
agregados psicológicos que necesita quebrantar: porque sólo el fuego puede
quebrantar tales agregados; así el fuego aparece donde están esos agregados
para destruirlos, para volverlos polvareda cósmica, y liberar el alma, la
esencia. ¿Cómo podrá él libertar el alma, si no penetra profundamente en el
organismo humano?
En el Oriente, Cristo es Vishnú, y repito: La raíz
Vish, significa, penetrar; el fuego, Cristo, el Logos, puede penetrar
profundamente en el organismo humano, para quemar las escorias que tenemos
dentro: pero necesitamos amar al fuego, rendirle culto a la llama.
Ha llegado la hora de entender que sólo el “Fohat’,
puede transformarnos radicalmente. Cristo dentro de nosotros opera quebrantando
las raíces del mal, “INRI” quebrantando los agregados psíquicos es formidable,
los reduce a cenizas. Pero necesitamos trabajar con el fuego.
Por eso en nuestros trabajos de concentración debemos
invocar a la Serpiente ígnea de nuestros mágicos poderes porque sólo con el
fuego podremos quebrantar todos los elementos psíquicos indeseables que en
nuestro interior cargamos. El frío lunar, nunca podrá quebrantar los agregados
psíquicos, necesitamos de los poderes flamígeros del Logos. Necesitamos del
“INRI” para transformarnos.
Mis caros hermanos, entiendan lo que es la Semana
Santa: y la Semana Santa tiene siete días.
En los tiempos antiguos todo se regía por el
calendario solar: Luna, Mercurio, Venus, Sol, Marte, Júpiter y Saturno.
Los días eran: Lunes, Miércoles, Viernes, Domingo,
Martes, Jueves y Sábado. Desgraciadamente ese calendario fue alterado por las
gentes fanáticas medioevales.
La Semana Santa es profundamente significativa.
Recuerden los siete y los tres pasos de la Masonería. El Cristo debe arder
primero que todo, en nuestro cuerpo humano. Más tarde la llama debe depositarse
en el fondo del alma. Y por último, en el fondo del espíritu. Estos tres pasos
a través de las Siete Esferas, son profundamente significativos. Obviamente
estos tres pasos, básicos, fundamentales, se hallan contenidos en las Siete
Esferas del mundo y del Universo.
Incuestionablemente la Semana Santa tiene raíces
esotéricas muy hondas, porque el iniciado debe trabajar sobre las fuerzas
lunares, y sobre las fuerzas de Mercurio, y con las fuerzas de Venus y del Sol,
y de Marte, de Júpiter y de Saturno. El Logos, se desenvuelve en Siete
Regiones y de acuerdo con los siete planetas del sistema solar.
La llama debe aparecer en el cuerpo físico, debe
avanzar en el cuerpo vital, debe proseguir su camino por la senda astral, debe
continuar su viaje por el mundo de la mente, debe llegar a la esfera de Venus
en el mundo causal, debe continuar o proseguir su viaje por el mundo Búdhico o
intuicional, y por último, en el séptimo día, habrá llegado al mundo de Atman,
al mundo del espíritu; entonces el Maestro recibirá el Bautismo del Fuego, que
lo transformará radicalmente.
Obviamente todo el Drama Cósmico, tal como está
escrito en los cuatro Evangelios, deberá ser vivido dentro de nosotros mismos,
aquí y ahora. Eso no es algo meramente histórico, es algo para vivir ¡aquí y
ahora!
Los tres traidores que crucificaron al Cristo, que lo
llevan a la muerte, están dentro de nosotros mismos; los Masones los conocen,
los Gnósticos también los conocemos: Judas, Pilatos y Caifás. Judas es el
demonio del deseo, que nos atormenta. Pilatos es el demonio de la mente, que
para todo tiene disculpas. Caifás, es el demonio de la mala voluntad, quien
prostituye el altar.
Esos son los tres traidores que entregan al Cristo
por treinta monedas de plata. Las treinta monedas representan todos los vicios
y pasiones de la humanidad... cambian al Cristo por las botellas en la
cantina, cambian al Cristo por el prostíbulo, o por el lecho de procusto,
cambian al Cristo por el dinero, por las riquezas, por la vida sensual, lo
venden por treinta monedas de plata.
Hermanos, recuerden que multitudes de personas, piden
la crucifixión del Señor; todas esas multitudes gritan ¡Crucifixia!
¡Crucifixia! No son las de hace mil novecientos setenta y siete años ¡no! Esas
gentes que piden la crucifixión del Señor están dentro de nosotros mismo.
Repito ¡aquí y ahora! Son los agregados psíquicos inhumanos que en nuestro
interior cargamos, son todos esos elementos psíquicos indeseables que llevamos
dentro, los demonios rojos de “Seth”, viva personificación de todos nuestros
defectos de tipo psicológico. Son ellos los que gritan: ¡Crucifixia!
¡Crucifixia! Y el Señor es entregado a la muerte: ¿Quiénes le azotan?, No son
acaso todas las multitudes que llevamos en nuestro interior ¿Quiénes le
escupen? No son todos esos agregados psíquicos que personifican nuestros defectos
¿Quiénes ponen sobre él la corona de espinas? No son acaso todos esos engendros
del infierno que nosotros hemos creado.
El acontecimiento de la historia Crística no es de
ayer, es de ahora, es presente; no meramente un pasado, como creen los
ignorantes ilustrados. Pero aquellos que comprendan, trabajarán para la
cristificación.
El Señor es elevado al Calvario y sobre las cumbres
majestuosas del Calvario dirá: “El que en mi cree nunca andará en tinieblas,
mas tendrá la lumbre de La vida, yo soy el pan de la vida, yo soy el pan vivo,
el que come mi carne y bebe mi sangre, tendrá la vida eterna, y yo le
resucitaré en el día postrero. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mi
mora y yo en él. El Señor no guarda rencores para nadie... ¡Padre mío, en tus
manos encomiendo mi espíritu! Pronunciada esta gran palabra, no se escucharán
sino rayos y truenos en medio de grandes cataclismos interiores. Cumplida esta
labor del espíritu en el cuerpo, será depositado el Cristo o el “Krestos”, el
Chistrus, Vishnú, el que penetra, en su sepulcro místico.
Y yo les digo en nombre de la Verdad y de la
Justicia, que al tercer día, después de esto, después del tercer acto, será
levantado, resucitado en el Iniciado para transformar a éste en una criatura
perfecta. Quien lo logre se convertirá de hecho en un Dios, terriblemente
divino, más allá del bien y del mal.
Así el Cristo, el Señor Nuestro, el Espíritu del Fuego,
desciende; quiere entrar en cada uno de nosotros para transformarnos, para
salvarnos, para quebrantar a esos agregados psíquicos que en nuestro interior
llevamos, para hacer de nosotros algo distinto, para convertirnos en Dioses.
Tenemos que aprender a ver el Cristo, no desde el
punto de vista meramente histórico, sino como el fuego, como una realidad
presente, como “INRI”.
Tenía se dice, doce Apóstoles; esos doce Apóstoles
están dentro de nosotros mismos, aquí y ahora. Son las doce partes fundamentales
de nuestro propio Ser; las doce Potestades dentro de cada uno de ustedes, en su
propio Ser Interior profundo... Hay un Pedro, que se entiende con los
Misterios del Sexo. Hay un Juan, que representa el Verbo, a la Gran Palabra
¡Heru Pa Kro At! Hay también un Tomás, que nos enseña a manejar la mente. Hay
un Pablo, que nos muestra el camino de la Sabiduría, de la filosofía, de la
Gnosis.
Dentro de nosotros mismos está también Judas; no aquel
Judas que entrega al Cristo por treinta monedas de plata ¡no! Un Judas
diferente, un Judas que entiende a fondo la cuestión del Ego. Un Judas cuyo
Evangelio nos lleva a la disolución del mí mismo, del si mismo.
Hay un Felipe que es capaz de enseñarnos a viajar
fuera del cuerpo físico, a través del espacio. Hay un Andrés, que nos indica
con precisión meridiana lo que son los tres factores de la Revolución de la
Conciencia: Nacer, es decir, como se fabrican los cuerpos existenciales
superiores del Ser. Morir, cómo se desintegran los factores particulares que se
relacionan con nosotros, específicamente y con cada uno de nos. Sacrificarse
por la humanidad, la cruz de San Andrés; indicando la mezcla del Azufre y el
Mercurio tan indispensable para la creación de los cuerpos existenciales superiores
del Ser, mediante el cumplimiento del deber “Parlok”, es profundamente
significativo.
Mateo, científico cuan ninguno, existe en nosotros,
nos enseña la ciencia pura, desconocida para los científicos que solo conocen
todo ese podridero de teorías universitarias, que hoy están de moda y mañana
pasan a la historia... ¡Ciencia pura, es completamente diferente! Sólo Mateo
puede instruirnos en ella.
Lucas, con su Evangelio Solar, es profeta, y nos
indica lo que ha de ser la vida en la Edad de Oro.
Cada uno de los Doce, está dentro de nosotros mismos,
porque nuestro Ser tiene doce partes fundamentales, los Doce Apóstoles, aquí y
ahora. Así quienes quieran llegar a ser magos en el sentido trascendental de
la palabra, tienen que aprender a relacionarse consigo mismo, con cada una de
las doce partes del Ser; y esto sólo es posible quemando con el “INRI” los
agregados psicológicos que en nuestro interior cargamos. En tanto el Ego exista
en nosotros, las correctas relaciones con todas y cada una de las partes de
nuestro Ser, resultará imposible.
Pero si nosotros incineramos el Ego, entonces si
podremos establecer correctas relaciones consigo mismo, y con cada uno de los
Doce, que en nuestro interior existen.
Así que quítense de la cabeza la idea de los Doce
Apóstoles históricos... ¡Búsquenlos dentro de sí mismos, ahí están! Todo está
dentro de nosotros mismos, aquí y ahora.
Ha llegado la hora de un Cristianismo más esotérico,
más puro, más real. Ha llegado la hora de salir de la cuestión meramente
histórica y pasar a la realidad de los hechos.
La Cruz misma del Calvario, es hondamente
significativa. Bien sabemos nosotros que el “Phalus” vertical, dentro del
“Ecteis” formal, hacen cruz. En otras palabras enfatizaremos diciendo: “El
Lingam-Yoni, correctamente conectado forma cruz.
Es con esa cruz que nosotros necesitamos avanzar por
el sendero que ha de conducirnos hasta el Gólgota del Padre; les invito a todos
a entrar en el camino de la cristificación.
No olviden ustedes que cada vez el Señor de Compasión
viene al mundo, es odiado por tres clases de hombres: Primero, por los
Ancianos, las gentes llenas de experiencia que dicen ¡ese hombre está loco,
vean lo que trae, no oigan lo que está diciendo, no está de acuerdo con
nosotros, con lo que pensamos, tenemos experiencia, este hombre perjudica,
daña! Segundo, es rechazado por los Escribas, es decir por los intelectuales de
la época. Cada vez que el Señor de Gloria ha venido al mundo, los intelectuales
han estado en contra de él, ¡lo odian mortalmente!, porque no encaja dentro de
sus teorías, significa un peligro para su sistema, para sus sofismas, etc.
Tercero, por los Sacerdotes, porque todos ellos ven en
él un peligro, para su respectiva secta.
Así que en nombre de la Verdad les digo, que el Cristo
es ¡tremendamente revolucionario! ¡Rebelde! Es el fuego que viene a quemar
todas las podredumbres que cargamos dentro. Es el fuego que viene a reducir a
cenizas, nuestros prejuicios, nuestros preconceptos, nuestros intereses
creados, nuestras abominaciones, y hasta nuestras experiencias de tipo
personal.
¿Creen ustedes acaso, que el Cristo podría ser
aceptado por tantos millones de seres humanos que pueblan el mundo? ¡Se
equivocan! Cada vez que él viene al mundo, se levantan las multitudes contra
él, es la cruda realidad de los hechos.
De Semana Santa estoy hablando; digo en nombre de la
Verdad y de la Justicia que sólo el “Fohat” ardiendo dentro de nosotros, podrá
salvarnos.
Ninguna teoría, ningún sistema podrá llevarnos a la
liberación; quiénes pretendan quebrantar el Ego a base de puras teorías, con
el frío intelecto ¡son seres meramente reaccionarios! ¡conservadores!
¡retardatarios! y marchan por el camino de la gran equivocación.
Esta Babilonia que llevamos dentro, esta ciudad
psicológica que en nuestro interior cargamos, donde viven los demonios de la
ira, de la codicia, de la lujuria, de la envidia, del orgullo, de la pereza, de
la gula, etc., etc., debe ser destruida con el fuego.
Necesitamos levantar ahora dentro de sí mismos a la
Jerusalém Celestial. Recuerden que los cimientos de la Jerusalém Celestial son
doce.
Y que en cada uno de ellos, está escrito el nombre de
algún Apóstol, los nombres de los Doce Apóstoles están en los doce cimientos.
Esa Jerusalém debemos edificarla dentro de nosotros mismos. Mas solamente será
posible algún día, en que con el fuego destruyamos a la Babilonia la Grande.
La Madre de todas las fornicaciones y abominaciones de la Tierra; la ciudad
psicológica que en nuestro interior cargamos. Cuando lo logremos, edificaremos
a la Jerusalén Celestial, aquí y ahora, dentro de sí mismos.
Repito, la base de esa Jerusalém Celestial son los
Doce Apóstoles. No me estoy refiriendo a los que vivieron hace mil novecientos
setenta y siete años, que son meramente simbólicos, ¡No! Estoy hablando de los
Doce Apóstoles que existen dentro de nosotros mismos. Las doce Partes del Ser
auto- concientes, e independientes, ellos son el fundamento de la Jerusalén que
nosotros debemos edificar dentro de sí mismos,
La ciudad de Jerusalén tiene doce puertas y en cada
una de las doce puertas, hay un ángel; que representa a cada uno de los Doce,
dentro de nosotros mismos, Y las doce puertas son: Doce Perlas Preciosas, son Doce Puertas
de Libertad, Doce Puertas de Luz y de Esplendor. Doce Poderes Cósmicos. Y la ciudad
toda es oro puro. Sus calles y sus avenidas y sus plazas. El oro del espíritu
que nosotros debemos fabricar en la forja de los Cíclopes.
No tiene la ciudad necesidad de lumbrera externa, o
sol externo, o luna externa; porque el Señor es su lumbrera, es el fuego; y él
arderá dentro de nosotros mismos.
El muro de la gran ciudad tiene: ciento cuarenta y
cuatro — 144 — codos, si sumamos aquellas cifras entre sí: Uno, más cuatro,
más cuatro, tendremos: Nueve — 9 — la Novena Esfera el Sexo, porque solo mediante
la transmutación de la energía creadora, podrá arder el fuego en nosotros.
El tamaño de la ciudad es de doce mil — 12.000 —
estadios y nos recuerda a los doce trabajos de Hércules, necesarios para
lograr la completa realización íntima del Ser. Y nos recuerda a los Doce
Aeones, nos recuerda los Doce Apóstoles.
Y en el centro de la ciudad está: El Árbol de la Vida,
los Diez Sephirotes de la ¡Cábala Hebraica: Kether, Chomah y Binah, con la
corona Sephirotica: Chesed, Geburah, Tiphereth, Netsah, Hod, Jesod y Malchut,
las Siete Regiones del Universo. El Árbol de la Vida alegoriza a todas las Doce
Grandes Regiones Cósmicas, ¡Dichoso el que llegue al Aeón Trece! Donde debe
estar siempre Pistis Sophia. Dentro de la Jerusalén Celestial hallaremos
también, a los Veinticuatro Ancianos, quien prosternados en Tierra depositan
sus coronas a los pies del Cordero; ese Cordero inmolado es el fuego que arde
en este Universo, desde la Aurora de la Creación desde el amanecer de este
Universo. Los Veinticuatro Ancianos son también veinticuatro partes de nuestro
propio Ser; y el Cordero mismo, es el Ser de nuestro Ser.
Dichoso quien pueda alimentarse con los frutos del
Árbol de la Vida ¡Porque ese será inmortal!, Dichoso aquel que puede
alimentarse con cada uno de esos frutos. Aquel que pueda en verdad nutrirse con
esa corriente de vida, que viene desde el Aeón Trece, hasta el cuerpo humano,
porque jamás conocerá enfermedades, y se hará inmortal.
Pero para poder uno nutrirse con el Árbol de la Vida,
necesitará antes que todo, haber eliminado los agregados Psíquicos; recuerden
ustedes que los agregados Psíquicos viva personificación de nuestros errores,
alteran al cuerpo vital, y éste alterado, daña al cuerpo físico; así surgen las
enfermedades en nosotros.
¿Quién es el que produce las úlceras, no es acaso la
ira?
¿Quién produce el cáncer, no es acaso la lujuria?
¿Quién produce la parálisis, no es acaso la vida
materialista, grosera, egoísta y fatal?
Las enfermedades son producidas por los agregados
psíquicos o demonios rojos de Seth, viva personificación de nuestros errores.
Cuando todos los demonios rojos de Seth hayan sido aniquilados con el fuego,
cuando nuestra mismísima personalidad haya sido quemada, entonces nos
nutriremos con el Árbol de la Vida. La Vida descendiendo desde el Absoluto a
través de los Trece Aeones, penetrará en nuestro cuerno y nos hará inmortal, la
salud será recobrada, jamás se volverá a tener enfermedades.
De nada sirven los científicos con todas sus ciencias
para curar, si ellos curan el paciente se vuelve a enfermar. Es claro que el
Ego mete el veneno de sus morbosidades y podredumbres, dentro de los órganos y
los destruye ¡he aquí el origen de todas las enfermedades! Las gentes quieren
una panacea para curarse, pero en tanto tengan el Ego vivo, vivirán enfermos.
Ha llegado la hora de entender que necesitamos quemar
a la Babilonia, dentro de sí mismos, y edificar a la Jerusalén.
La Jerusalén Celestial vista desde lejos, es como una
piedra de jaspe transparente, como el cristal, es la Piedra Filosofal,
¡dichoso el que consiga la Piedra Filosofal, porque se transformará
radicalmente y tendrá poderes sobre el fuego, sobre el aire, sobre las aguas y
sobre la tierra!
Necesitamos un Cristianismo puro, esotérico; un
Cristianismo vivo, no un Cristianismo muerto. Un Cristianismo Gnóstico, que
pueda transformarnos radicalmente.
El Movimiento Gnóstico, (en su Escuela Iniciática de
la DIRECTA) La Iglesia Gnóstica, (la Iglesia Trascendida, la del CRISTO INTIMO)
nuestros Estudios Gnósticos Antropológicos, (el desarrollo del Hombre
Interior), mostrarán a la humanidad la Senda de la Liberación.
Mas así como estamos con el Ego vivo, fuerte, robusto,
marchamos por el camino del error.