sábado, 22 de febrero de 2014

LA CONCIENCIA ATÓMICA SEMINAL



LA CONCIENCIA ATÓMICA SEMINAL


Cleve Backster, de quien hablamos en precedentes capítulos, hizo investigaciones científicas con partículas de es­perma y comprobó que “Las células del esperma resultaron ser extraordinariamen­te capaces, porque parecían Identificar a su donante y reaccionar a su presencia, sin hacer caso a la de otros sujetos de sexo masculino. Estas observaciones pare­cen indicar que hay una especie de me­moria total que llega hasta la célula, y en consecuencia, que el cerebro quizá no sea sino un mecanismo conmutador, no necesariamente un órgano para alma­cenar recuerdos”.

Aclaramos aquí, que para los efec­tos de la Gran Obra, no se debe extraer ni tan siquiera una pequeña gota del esperma sagrado de nuestro organismo, pues estos procesos de transmutación se llevan a cabo dentro de nuestro propio laboratorio humano. Es gravísima la for­nicación (eyaculación seminal en cualquier proporción o cantidad), como también el adulterio, para el alquimista: podría quemarse el laboratorio y arrui­nar la Obra de por vida...

Del párrafo inicial, sáquese esta con­clusión: las células del esperma, su constitución atómica y subatómica, tam­bién tienen mi propia conciencia. Y si la semilla del ser humano, es lo más selecto que hay en esta preciosa máquina, allí está también lo más selecto de la conciencia atómica.

Conocer que allí residen los átomos alquimistas de la Gran Obra, es INDISPENSABLE para tomar conciencia de la enorme responsabilidad que tenemos con nuestra simiente y de la urgente necesi­dad de conocer las LEYES DIVINA­LES ATÓMICAS que dirigen los proce­sos alquímicos.

No podría, pues, un monstruo experimentador de la ciencia materia­lista, lograr masivamente y en armonía, sin violencia, someter las Leyes Divi­nales Atómicas a sus caprichos de labo­ratorio “Ciencia sin Conciencia…”

En el esperma sagrado hay átomos divinales muy elevados:

En los libros sagrados del oriente, entre otros, existen unos que se conocen con el nombre de “upanishads” En el “Brihadaranyaka Upanishad”, impreso en la Universidad de Oxford, en la página 136, volumen 1, se puede leer lo siguiente:

“Aquel que mora en el Semen y dentro del Semen, que el Semen no co­noce, cuyo cuerpo es el Semen, que el Semen no conoce, cuyo cuerpo es el Se­men y que gobierna desde el interior al Semen, este es el SI, el dominador interior, el inmortal; Invisible, mas vi­dente; Inaudible, mas oyente; Impercep­tible, mas perceptor; Ignoto, mas cono­cedor. No hay otro vidente fuera de él, no hay otro oyente fuera de él, no hay otro perceptor fuera de él. Este es tú SI, el soberano interior, el inmortal. Todo el resto es mal”.

El Fuego del Espíritu Santo tiene como habitáculo al Agua del Esperma Sagrado. Es por esta razón que en “El Evangelio Gnóstico de Felipe” de los textos de Nag-Hammadi, está escrito: “Semen del Espíritu Santo”.

Es de vital importancia que el Alqui­mista comprenda que no se debe derra­mar ni tan siquiera una gota del esperma sagrado, como lo muestra el “Mutus Liber” (en una edición antigua) en la Plancha No. 14 al final aparece Perrenelle (esposa de Nicolás Flamel) indican­do que si el mercurio cae fuera del reci­piente, es decir si se eyacula, no-se ob­tiene la unidad indicada en la Plancha por su esposo, sino los cuernos (símbolo de impureza y obra demoníaca) indicados por el gesto de Perrenelle.

Se sabe perfectamente que uno de los términos con que se denomina a la materia prima es el de “Antimonio” Viene muy a propósito de gran interés lo que Basilio Valentín, en su “Carroza Triunfal del Antimonio” expresa referente a éste Veamos:

“Sepa, pues, el lector, que todas las cosas tienen en sí mismas el Espí­ritu operante y vivificante, el cual mora en los cuerpos, los nutre y conserva. Los espíritus no faltan de los elementos, que en ellos viven por la voluntad de Dios, sean buenos o malos. Los hombres y los otros animales tienen en sí el espí­ritu vivo y operante, el cual yéndose, quedan cadáveres aquellos. Las hierbas y las plantas contienen en sí el espí­ritu de salud, de otra manera serían inútiles al uso médico o a su prepara­ción. Así también, los metales y los mi­nerales llevan consigo su impalpable es­píritu, los que contienen toda potencia y virtud de aquellos, porque sin el espí­ritu la cosa es muerta y no muestra en sí ninguna operación vivificante. Sepa así (el lector), que EL ESPÍRITU EN EL ANTIMONIO ESTA, el cual todas las cosas que en él están escondidas y que de él se extraen, él las conduce, mas invisiblemente, pues en el imán (mercurio) está escondida una virtud invisible, de la cual en mi Tratado del Imán, trataré ampliamente los espí­ritus son de dos clases: Inteligentes y no inteligentes. Los Inteligentes, dotados de razón, cuando quieren son compren­sibles e incorpóreos, como lo son los habitantes de los elementos, siendo algunos fuegos ígneos seductores, otros lúcidos fantasmas: los aéreos, habitantes del aire, los acuáticos que poseen las aguas, y también los de la tierra que son los que aparecen en las mi­nas de metales, llamados hombres de dichas minas. Estos espíritus entienden, CONOCEN LAS ARTES y pueden mudar su forma...”

“Los otros espíritus del mundo y que espontáneamente no se dejan sorprender son aquellos que están escon­didos en el hombre, en los animales, en los brutos, plantas y minerales, los cuales tienen vida operativa, lo que se demuestra con sus operaciones y con la potencia de sanar, cuando, por el beneficio del Arte se separan de sus cuerpos. Así también, EL ESPÍRITU DEL ANTI­MONIO demuestra y comunica a los hom­bres su virtud”

Es por ello que nuestro V. M. Samael Aun Weor, en su “Tratado de Alquimia Sexual”, afirma enfáticamente:

“23— En el semen existe un átomo angélico que gobierna a nuestros vapo­res seminales”.

“24— Ese átomo angélico eleva los vapores de nuestro semen hacia el canal medular, para que el ángel (atómico en nosotros) de los cedros del bosque lo utilice para abrir la puerta Inferior de la médula, a fin de que la divina princesa del Kundalini entre por allí”

En “La Creación del Sol Psicoló­gico Intimo o La Doctrina de la Vía Directa”, nuestro V. M. Samael Aun Weor, respecto a la naturaleza del ANTIMONIO, enseña:

“El ANTIMONIO no es una sustan­cia meramente como pretenden muchos. En Alquimia el Antimonio va más lejos. Es una de las partes autónomas y auto-conscientes de nuestro propio Ser, pues­to que nuestro propio Ser tiene muchas partes autónomas y auto-conscientes. El Antimonio es una de ellas, es un Alqui­mista (nuestro Alquimista atómico) Esa parte trabaja activamente fijando el Oro en el Mercurio”.

Allí, pues, en el Esperma Sagrado, está el Alquimista Atómico, EL ESPÍRITU DEL ANTIMONIO de Basilio Valentín. Allí mismo en el Semen hay otras Inteligencias Atómicas, unas subor­dinadas al Antimonio y otras que tienen una jerarquía superior a éste. Mas, todas estas partes atómicas Divinales, trabajan en común acuerdo en la Gran Obra, siempre y cuando el practicante haga la Obra bien hecha y según los cánones de la Santa Alquimia.

Fulcanelli, apelando a la Cábala Fonética, deja entrever este misterio del Antimonio al final del capítulo IV de “Louis D’ Estissac”

“Uno de los personajes importantes de Pantagruel, el hombre de ciencia, se llama Epistemon. Y el artesano secre­to, el espíritu encerrado en una sustancia bruta (mercurio común o primer mercurio), traduce el epistemon (Antimonio) griego, porque este espíritu es capaz por sí solo de ejecutar y realizar la obra entera, sin otro concurso que el del fuego elemental”.

Donde, en otro aparte dice:

“Es preciso aún, interrogar a la Naturaleza para aprender de ella en qué condiciones y bajo el imperio de qué voluntad se operan sus múltiples producciones. El espíritu filosófico no sería capaz, en efecto, de contentarse con una simple posibilidad de identificación de los cuerpos, si no que reclama el co­nocimiento del secreto de su elabora­ción.

Y para concluir esta iniciativa nues­tra, transcribiremos la enseñanza valiosísima y única que, nuestro Venerable Maestro SAMAEL AUN WEOR, en su último libro “La Pistis Sophia Develada”, nos trasmitiera:

“(Santiago es el bendito patrón de la Gran Obra.)”

“(Quien estudie la epístola univer­sal de Santiago entenderá los principios de la Gran Obra.)”

“(El Padre de todas las Luces a tra­vés de nuestro propio Santiago Interior nos enseña los misterios de la Gran Obra.)”

“(Es pues, Santiago, una de las par­tes autónomas y auto-conscientes de nuestro propio ser.)”

“(Santiago-Mercurios, se encuentra íntimamente relacionado con la ciencia transmutatoria de Jesod-Mercurio)”

“(El libro fundamental de la “Gran Obra” que Santiago lleva en sus manos, es el Apocalipsis.)”

“(Incuestionablemente el Apocalipsis es el libro de la sabiduría que sólo es com­prensible a los Alquimistas)”

“(Sólo los trabajadores de la Gran Obra pueden comprender el Apocalip­sis.)”

“(En la química superior, esto es en la Alquimia, se encuentra la ciencia secreta del Apocalipsis.)”

“(Las leyes de la química superior o Alquimia, los principios, el orden del Magisterio del Fuego, se hallan depositados en el Apocalipsis.)”

“(Santiago dentro de cada uno de nosotros, es repito el bendito patrón de la Gran Obra.)”

“(Santiago es otra parte autónoma e Independiente de nuestro propio ser individual.)”

“(Cada uno de nosotros tiene su propio Santiago.)”

En otro aparte, de la misma obra, nos dice el V. M. Samael:

“(El espíritu del oro está en el ES­PERMA SAGRADO.)”

“(El antimonio es una parte del Ser; el Gran Alquimista que fija el oro en los cuerpos existenciales superiores del Ser.)”

En su cátedra hermética “Conoci­miento del Ser”, nuestro V. M. Samael nos enseña:

“Incuestionablemente hay uno (una parte del Ser) que es encargado de Alquimia, y se le llama en Alquimia EL ANTI­MONIO, pero éste no es una de las doce potestades”. (Los doce apóstoles atómicos)

“Lo que sí hay es un especialista en Alquimia, al cual, estoy seguro, le obedece el ANTIMONIO, que es precisamente SANTIAGO EL MAYOR, el Bendito Patrón de la Gran Obra. A él le obedece el Antimonio, en el sentido que es (Santiago) el encargado trascendental de la Alquimia, de la Gran Obra.”

El ANTIMONIO ATÓMICO es el Gran Alquimista de Notre Dame de Paris...